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Quienes somos?

O.M.P



PROPÓSITO: Al modo de las antiguas Iglesias cristianas, para sostener la labor de los misioneros entre los pueblos no cristianos, las Obras Misionales Pontificias se han convertido en una institución de la Iglesia universal y de cada Iglesia particular. A ellas, según el Concilio, se les debe asignar el lugar central en la cooperación misionera.
Constituyen una única institución con cuatro ramas distintas. Tienen en común el primordial y principal objetivo de promover el espíritu misionero y universal en el seno del pueblo de Dios. Esto se lleva a cabo mediante la información y sensibilización respecto a las misiones, la promoción de vocaciones misioneras, la colecta y distribución de ayudas a los misioneros, a sus obras y a las Iglesias jóvenes, en las cuales se procura favorecer la comunión con las otras Iglesias para el intercambio de bienes y ayudas.

Estas son las cuatro Obras Pontificias:

  • Propagación de la fe: Fundada en Lyon (Francia) en 1822 por la Venerable Pauline Jaricot, tiene la tarea de promover la cooperación misionera en todas las comunidades cristianas. Para ello, además de recoger ayudas, atiende a las vocaciones misioneras y a la educación en el espíritu misionero, especialmente con distintas iniciativas durante el mes misionero de octubre.
  • Santa Infancia o Infancia Misionera: La Obra fue fundada en 1843 por Monseñor De Forbin Janson, Obispo de Nancy (Francia). Tiene como objetivo educar a los niños el espíritu misionero, interesándoles por las necesidades de otros niños en los países de misión mediante el ofrecimiento de oraciones y de ayuda material.
  • San Pedro Apóstol: Fundada por el Señor Bigard en Caen (Francia) en 1889, esta Obra se encarga de la formación del clero local en las Iglesias de misión, sobre todo con la ayuda financiera, donativos que se han extendido también a los candidatos a la vida religiosa masculina y femenina.
  • Unión Misionera: Fundada en Italia por el P. Manna en 1916, se ocupa de la animación misionera de los pastores y animadores del Pueblo de Dios: sacerdotes, religiosos y religiosas, miembros de Institutos seculares. Realiza la misma función que las otras Obras Pontificias, tratando de promoverlas en las Iglesias locales.

Cada una de las cuatro Obras Pontificias tiene su propia identidad y especificidad, tanto en el fin que se propone como en los medios e iniciativas con que lo lleva a cabo, adaptándolos y renovándolos según las diversas situaciones eclesiales y socio-culturales en las que deba trabajar. También es importante que, aun conservando su individualidad, ponen de relieve la unidad del espíritu y la intención que las anima a todas, como Obras del Santo Padre y de los Obispos, de empeñarse en la educación del pueblo de Dios en un fecundo espíritu misionero.

ORGANIZACIÓN: las Obras Misionales Pontificias están organizadas a nivel internacional, nacional y diocesano.

  • A nivel internacional, la dirección y la colaboración mutua de las Obras Misionales Pontificias están garantizadas por el Comité Supremo, presidido por el Cardenal Prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, y por el Consejo Superior, presidido por el Presidente de las Obras Pontificias, que actualmente es el Secretario Adjunto de la Congregación, Monseñor Protase Rugambwa. Después, cada Obra tiene un Secretario General. El Comité Supremo supervisa las actividades y el desarrollo de las Obras individuales. El Consejo Superior, que tiene una asamblea anual, se ocupa principalmente de la asignación de las subvenciones ordinarias y extraordinarias.

  • A nivel nacional, las Obras Misionales Pontificias son guiadas y animadas por un Director Nacional, nombrado por la Congregación para la Evangelización de los Pueblos y por el Consejo Nacional. El Director mantiene relaciones y colabora con los misioneros de las organizaciones de su propia Conferencia Episcopal.

En cada Diócesis, el obispo debe nombrar a un director de las Obras Misionales Pontificias, al cual compete animar las distintas manifestaciones de la actividad pastoral para la misión universal (a nivel diocesano, parroquial, etc.) (Cf. CIC, c. 791, 2).
 
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